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viernes, 28 de octubre de 2011

Rolando Páucar: Se encamina el futuro de la energía nuclear

El presidente del Instituto de Investigación para la Energía y el Desarrollo habló del futuro de la energía nuclear, apropósito del reciente accidente en Fukushima.

RPP .com.pe .- El accidente de Fukushima ha planteado nuevos retos y han surgido importantes lecciones que necesitan ser tomadas en cuenta por todos aquellos que aún consideran seguir transitando por la ruta nuclear.

“A pesar del accidente ocurrido en la central japonesa de Fukushima, aún se siguen construyendo nuevos reactores nucleares de potencia y está en aumento el uso de la radiación en la seguridad alimentaria, la salud, la protección ambiental, la gestión de los recursos hídricos y el uso de radioisótopos y radiaciones. En estos campos, las técnicas nucleares e isotópicas están realizando valiosas aportaciones al desarrollo socioeconómico de muchos países del mundo”, manifestó el científico Rolando Páucar Jáuregui.

Páucar ofreció estas declaraciones durante la presentación de su libro, “Ciencia y tecnología: el observatorio nuclear”, en la edición número 32 de la Feria del Libro Ricardo Palma.

“Este obra compila una serie de artículos cuyo objetivo principal ha sido difundir los beneficios de la energía nuclear, tanto a nivel mundial como en el Perú. Somos conscientes del inmenso background que tiene este recurso, una historia que ha sido marcada por accidentes emblemáticos como el de Chernobyl y Fukushima, pero también sabemos que es parte de lo que se podría denominar una propaganda oscura que se quiere dar de la energía nuclear”, indicó.

martes, 25 de octubre de 2011

Ciencia y Tecnología: Invirtiendo para el Futuro

Rolando Páucar Jáuregui, Físico Nuclear / Presidente del Instituto de Investigación para la Energía y el Desarrollo (IEDES)

Diario Gestión.- Resulta un hecho relevante la discusión sobre la necesidad de verdaderas políticas de Estado respecto de la ciencia y la tecnología en el Perú; es decir, sobre un proyecto que se aplique sostenidamente por veinte o treinta años, como viene sucediendo en el caso de Brasil, por ejemplo.

La ciencia y la tecnología para el desarrollo del país, sólo será posible en un país con un proyecto educativo que alcance a toda la sociedad y enmarcado en un modelo de desarrollo y distribución justo y equitativo. El Perú, como país de inclusión a través de la educación nunca ha existido. Pensar, entonces, en el desarrollo científico y tecnológico sobre estas bases es una fantasía, a menos que este diseñado para unos pocos.

Por esta razón en mi opinión la propuesta de un Ministerio de Ciencia y Tecnología no creo que  sea la solución, por ahora. Las prioridades deben centrarse en promover un proyecto educativo inclusivo, buscar un incremento en el presupuesto para CYT, generar un proyecto de incentivos tributarios para quienes apuesten por la CYT y diseñar políticas públicas en CYT coherentes con nuestra realidad y para todo ellos no se necesita crear un Ministerio. Otro asunto es el sistema nacional de innovación del Perú que enfrenta múltiples deficiencias de articulación y financiamiento, que hacen necesarias soluciones nuevas y creativas.

Es prioritario realizar una gran inversión en la formación de recursos humanos, enfatizando la expansión de la formación de postgrado para científicos e ingenieros, tanto en el Perú como en el exterior. Nuestra meta debería ser duplicar en cuatro años el número de científicos e ingenieros peruanos que obtienen doctorados en el exterior, para luego, mediante programas de investigación insertarlos en las empresas públicas y privadas del país. Pero también formar a futuros técnicos. Por otro lado necesitamos invertir en infraestructura tecnológica, más laboratorios, más centros tecnológicos. Necesitamos invertir en Ciencia y Tecnología.

Evidentemente cuando un Estado destina recursos bajo la forma de inversión específica se pregunta por el aporte de este bien al desempeño económico del país y el tiempo estimado en que lo invertido será recuperado, el Perú precisa dar los primeros pasos para fundamentar  la inversión en ciencia y tecnología, sino todo queda en el discurso ideológico. Realizar análisis a futuro para orientar la planificación estratégica en ciencia, tecnología e innovación nacional, es una prioridad, armonizando las propuestas para la planificación nacional en ciencia, tecnología e innovación, sobre la base de prioridades sectoriales y regionales.

martes, 11 de octubre de 2011

Perú, país nuclear [pt. 2]

***** [continúa] *****

Diario Perú 21 (Carlos Chavarry).- Altera sus funciones. La radiación altera las funciones más elementales de las células. Unos rayos de más, y estas dejan de hacer lo que se supone están programadas por naturaleza. Adiós ADN. Adiós descendencia.

Es como si de pronto tus pulmones y tus intestinos bombearan sangre. Como si tu cerebro se dedicara a absorber oxígeno. Como si tu corazón no fuera más que el desagüe de todo tu cuerpo. Eso es lo que le ocurre a las celulas.

Miles de años de evolución y en segundos todo se vuelve hacia atrás. Solo por una energía vibrátil que eres incapaz de ver.

Un enemigo invisible.

Uno que se deposita en el cuerpo y en cuestión de minutos u horas comienza a producir catástrofes a nivel de médula ósea, sistema cardiovascular o gastrointestinal. Casi todos estragos sin cura.
Léase ulceraciones del esófago, estómago e intestinos, hemorragias internas con sangre contaminada que pugna por salir por cualquier agujero y escoriaciones de una piel que intenta regenerarse sin éxito. Eso, si es que en el camino no se avería el mismo sistema inmunológico ─a través de los linfomas─, o se debilitan las arterias, o cualquier pequeña bacteria que pasa a reproducirse atiborrando el cerebro, hígado o riñones, o se producen daños irreversibles en los cromosomas, o se desarrollan cáncer de pulmones, útero, colon y tiroides ─la glándula responsable del metabolismo humano─.

Síntomas: como mínimo, vómitos, deshidratación, fiebre y pérdida de conocimiento ─más cercano al coma que al desmayo─. Como máximo, una agonía dolorosa que solo terminará cuando las células del cuerpo fallen al momento de reproducirse.
Nada que alguien desearía a su peor enemigo.

Todo dependerá de la cantidad de radiación recibida. O más bien dicho, del tiempo de exposición a la radiación.

Los hijos de los infectados podrían nacer con una serie de malformaciones. Si es que logran sobrevivir a sus propias mutaciones sufridas como embriones.

Los adultos no la tienen más fácil: si alguno sufriera náuseas y vómitos dentro de los primeros cincuenta minutos de haber sido irradiado, es que ha de fallecer en las próximas horas.
Ni siquiera tendrá tiempo de ver caer su cabello por mechones.

Por lo demás, nada que alguien no pudiera coger respirando el mismo aire contaminado de todos los días. O almorzando la misma cantidad de grasas y compuestos químicos una y otra vez. Nada que no se pueda pescar libremente en la playa o el campamento en un esplendoroso día de sol o fumando tranquilamente un cigarrillo. Nada que no se pueda ir incubando lentamente dentro del organismo hasta que ya no se pueda reprimir al invasor.

                                           *****

Pionera por sus estudios de la radiactividad, Madame Curie quizá fue la primera víctima por radiación directa: murió de anemia aplásica en 1934.

Su hija Irene, también investigadora, murió de leucemia.

Lo cierto es que luego de las primeras pruebas científicas, los reactores nucleares comenzaron a construirse desde principios del siglo XX. Y no necesariamente para usos pacíficos. En 1945 ya existían centrales que no se usaban para producir energía sino plutonio: el insumo esencial de cualquier arma nuclear.

Hoy se supone que existen más de 450 centrales nucleares de uso militar en el mundo. Se supone porque la cifra exacta sigue siendo un misterio.

La razón: por estrategia, en la cifra oficial no se incluyen los submarinos nucleares que son nucleares no solo porque llevan torpedos nucleares, sino también porque son propulsados por reactores nucleares. Y en la cifra tampoco se incluyen los portaviones, que se movilizan a partir de la energía de dos reactores nucleares internos.

Reactores de uso civil, en cambio, hay menos: solo 400 por todo el mundo.
Un par le pertenecen al Perú.

RP-0 y RP-10 son sus nombres. Uno está en San Borja y el otro en Carabayllo: distritos nucleares. Los dos reactores dependen del Instituto Peruano de Energía Nuclear (IPEN) y no sirven para generar energía eléctrica: mientras que con el RP-0 se realizan experimentos científicos, con el RP-10 se produce material radioactivo. Es decir, radioisótopos que se utilizan en la medicina y agricultura dentro del país.

Si las cosas van bien, se espera colocar ese material radiactivo made in Peru en el extranjero.
Y pensar que cuando el RP-10 fue inaugurado en 1988 por el ex presidente Alan García, la obra estaba inconclusa: faltaban equipar varios laboratorios. Los gobiernos siguientes lo hicieron operativo.

                                           *****

─Se llama energía nuclear porque proviene de la manipulación del núcleo del átomo, algo que se puede lograr de dos formas: fragmentándola en un proceso llamado fisión, o uniendo muchos pequeños núcleos en algo llamado fusión ─dice Rolando Páucar.

Por ahora la fusión es lo que está en plena experimentación en Europa. La fisión ha pasado a un segundo plano porque los reactores que se hicieron famosos por sus accidentes eran de este tipo: Chernobyl y Fukushima, por ejemplo. Ambos eran de segunda generación y ya no se construyen más porque son tecnología antigua: de la década de los años cincuenta.
Ahora estamos llegando a la cuarta generación.

─Con estas nuevas centrales ya no tenemos que estar midiendo manualmente los niveles de temperatura y presión durante las 24 horas del día ─dice el investigador─. Si uno solo de estos factores entrara a una fase peligrosa, el núcleo del reactor se apagaría de manera automática.

Otras novedades: la tecnología para contener las emisiones de gas y radiación de los núcleos en caso de accidente. O que los desechos de uranio ahora son almacenados en contenedores de grafito que luego se funden: al mezclarse con este mineral, el uranio queda inservible y ya no puede ser usado como arma nuclear.

Entonces la pregunta: Pese a todos los avances de la ciencia, ¿pueden ser muy peligrosos los reactores nucleares?
Rolando Páucar vuelve a su tema de las probabilidades y explica que si consideramos las probabilidades de desastres naturales ─como un terremoto─, estos nos matarían con más frecuencia antes que la explosión de un reactor nuclear.
─Sí hay un peligro y es innegable, pero la posibilidad de que ocurra un accidente con una central nuclear es muy baja si lo comparamos a nivel de algún fenómeno natural.

Luego agrega que incluso un terremoto no afectaría directamente las instalaciones de un reactor. Que así la pared se rajara no implicaría un accidente. Que el riesgo mayor ─la peor situación pensada─ es que el núcleo se quebrara y se escape a la atmosfera. Y que, sin embargo, en este tipo de reactores modernos, el inventario radioactivo es tan pequeño y mínimo que si se dispersa podría haber un daño de irradiación pero solo dentro de las instalaciones.

─Hay que pensarlo así: para que pueda ocurrir un accidente de magnitudes dentro de un reactor nuclear deben pasar muchas desgracias juntas como para provocarlo ─dice el científico peruano─. Insisto: ¿Cuántas probabilidades hay de que ocurran varias catástrofes en simultáneo para que todo salga mal?

                                           *****

Ahora se sabrá por qué Rolando Páucar tiene tanto apremio para que se levante un reactor nuclear de producción energética en Perú.

Primera razón: por ahora Brasil produce uranio enriquecido de 3% y 5%. Pero cuando logren construir su submarino nuclear, necesitarán uranio enriquecido al 97%. Con una producción así, tendrán suficiente material para fabricar una bomba nuclear. La primera en el continente sudamericano.

Aunque eso es una preocupación para Estados Unidos y varios países de la región, Brasil tiene claro el objetivo: su submarino nuclear servirá para evitar que se apoderen de sus territorios ricos en petróleo y gas.

─La pregunta es: si nosotros somos vecinos de Brasil y significamos una llave de acceso al Océano Pacífico, ¿por qué no tenemos políticas exteriores que impliquen alianzas energéticas con este país y les podamos vender material radiactivo? ─dice el científico─. Hace 50 años y según documentos desclasificados de la CIA, un presidente norteamericano le recomendó a Getulio Vargas que construyera una carretera interoceánica que le permitiera salir al Pacífico a través de Perú. Y lo mismo: le sugería poner hidroeléctricas en los andes peruanos. Eso no es ningún secreto. Mira en lo que resultó.

Una segunda razón: solemos preocuparnos de nuestras fronteras con Chile, y sin embargo estas son minúsculas comparadas con las que tenemos con Brasil, por ejemplo. ¿Acaso se piensa en ello?

─Con Brasil deberíamos fijar una orientación que nos lleve al beneficio mutuo y no a la conflictividad. Hay que aprender a negociar, sin guerras. Porque ahora solo existe un ejército que gana grandes batallas sin necesidad de armas: los empresarios. Las guerras ya pasaron de moda.

Y el científico agrega:
─No necesitas un escuadrón de soldados: envías un escuadrón de empresarios que compran puertos, centrales hidroeléctricas y carreteras en otras naciones. Esa es la nueva forma de penetración. Y nosotros, como país, deberíamos formar esos nuevos ejércitos. Para eso hay que darles vida, apoyarlos.

Tercera razón: cada accidente nuclear que ocurre es un problema internacional. No es un problema de un solo país. Por ejemplo, lo de Japón espantó a China y demás naciones vecinas. Y entonces se establecieron mecanismos de seguridad nuclear entre varios países.
Cooperación es la palabra.

─Simplemente respondamos esto: si una central brasilera sufriera un accidente, ¿los efectos llegarían hasta nuestro país? Y si eso fuera cierto, ¿por qué no puede existir una alianza de estrategia nuclear entre ambos países? ─se pregunta Páucar.

                                           *****

Solo para que quede constancia.

Mientras que en Brasil se planifican megaproyectos energéticos para las próximas cinco décadas, en Perú el RP-10 solo se enciende dos veces a la semana.

─Tenemos un reactor nuclear capaz de producir material radiactivo para exportar y, sin embargo, Brasil tiene que comprárselo a Canadá porque no hay nadie más cercano que se lo venda. La paradoja es que tenemos acuerdos comerciales con China y Rusia, pero no Brasil, que es un vecino nuestro ─dice Rolando Páucar.

El RP-10 funciona de esa manera porque solo está trabajando al 10% de su capacidad instalada: su cuota de producción es demasiada alta para un mercado nacional que no necesita de mucho material nuclear.

Y sin embargo, pocos países en la región tienen una central como el RP-10, dice el científico. Ni siquiera Chile tiene una parecida, pues acaba de perder un reactor nuclear que construyeron sobre una falla geológica. Salvo Argentina, ningún otro país latinoamericano tiene un reactor como el nuestro: la envidia sudamericana, casi un lujo para el continente, en palabras del físico peruano.

─El bienestar de la vida contemporánea depende de lo que se utiliza cotidianamente ─dice.
Como cuando uno carga el celular y las baterías para el MP3, por ejemplo. O se estudia más horas y por lo tanto se mantiene encendidas la computadora y la portátil por más tiempo, o se utiliza más agua caliente en las duchas y grifos, o se observa prolongadamente la televisión para informarse y distraerse.

─El desarrollo de un país se mide por su consumo de energía ─dice Rolando Páucar─. Porque el indicador siempre es: ¿Cuánto consumes y cuánto es tu desarrollo?

Perú, país nuclear [pt. 1]




Un desastre ecológico que sufriremos aún cuando somos uno de los países menos contaminantes en todo el mundo, dado nuestra limitada capacidad industrial.

La otra ironía: que nuestro abastecimiento energético dependa del petróleo, gas y carbón: los principales elementos responsables del calentamiento global. Y según cálculos del científico, en treinta años ya no quedarán reservas de esta energía fósil en ninguna parte del mundo.

En términos geopolíticos, esto significa inseguridad energética en la región.
En cualquier otro sentido, esto significa crisis económica, hambrunas, guerras y dependencia económica a países vecinos.

Ese es el futuro próximo según Rolando Páucar Jáuregui, director del Instituto de Investigación para Energía y Desarrollo (IEDES). El científico acaba de publicar dos libros casi al mismo tiempo: Energía nuclear: Riesgo y oportunidad para Latinoamérica y la compilación de artículos periodísticos Ciencia y Tecnología: el observatorio nuclear. Ambos compendian una desmitificación del miedo a la tecnología nuclear.

─La paradoja es que suele hablarse del uso de energía renovable como la eólica, la solar y la proveniente de las hidroeléctricas, pero la cuestión es que si habrá cambios climáticos y estas energías dependerán de esas mismas condiciones climáticas, ¿son seguras estas fuentes de energía?

Como pensar en construir una costosa hidroeléctrica en un lugar que en veinte años va a ser un cauce seco. O instalar un aparatoso generador eólico que solo tiene una duración de quince años.
Desde esa perspectiva, habría otra alternativa de fuente energética. La nuclear, por ejemplo.
La proveniente de un reactor capaz de irradiar a países enteros.

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Posibilidad de accidentes nucleares.
Proliferación de armas nucleares.
Incertidumbre ante los desechos radiactivos.

Esas son las preocupaciones masivas cada vez que se habla de energía nuclear. Tres temores reales y válidos que la prensa cotidiana ha convertido prácticamente en mitos.
Porque los diarios no mencionan de que hay más probabilidades de daños y muertes en una central hidroeléctrica que en un reactor nuclear: de hecho, en el registro de accidentes en industrias energéticas peligrosas, las centrales ocupan el primer lugar. Luego le sigue la extracción de carbón: solo en China, cada año fallecen cinco mil obreros en esta actividad, sea por derrumbe en las minas o por alguna explosión.

La industria petrolera no se queda atrás en esta lista de riesgos y tiene dos variantes muy conocidas: el estallido de alguna planta petroquímica o los derrames del mineral en mares y océanos que, a la larga, implica una muerte lenta de animales y personas por contaminación y calentamiento global.

Después de todas estas actividades, recién aparece la problemática de las centrales nucleares. Y si uno hace un recuento de la cantidad de víctimas por accidentes que cada año fallecen por estar directa o indirectamente expuestos a un reactor nuclear, la cantidad es mínima.
Lo de Fukushima ya lo demuestra. Allí ha habido tres muertos hasta el momento: dos que murieron ahogados por el tsunami y uno por paro cardíaco. Nadie por radiación.
Se supone que hay trabajadores irradiados, pero solo es una suposición creer que van a fallecer por eso mismo, dice el científico.

─Existe un término que los investigadores usamos mucho: la palabra probabilidad. Por probabilidad se puede entender que solo porque recibas una pequeñísima dosis de radiación, ya estás expuesto a sufrir de un cáncer, dice Rolando Páucar.

Y agrega:
─Con algo de radiación quizá puedas contaminar a una sola persona, pero no significa que contaminarás a cien más: necesitarías algo más de intensidad porque ningún organismo reacciona igual. Por lo mismo, como es un tema de probabilidades, el problema de la radiación no debería generalizarse.

                                           *****

Si se considera que la cantidad de radiación que han recibido los operadores japoneses de Fukushima está por debajo del límite que se podría considerar una emergencia radiológica ─200 milisieverts─, entonces no necesariamente deberán sufrir trastornos por su exposición.
Quizá lo que sufran a futuro podría deberse a su predisposición genética heredada de los padres o alguna enfermedad contraída en el tiempo. Tal vez un accidente casero podría terminar en muerte sin que la radiación haya tenido que hacer su parte.

Probabilidades.
Los trabajadores de Fukushima han recibido la misma cantidad de radiación que recibimos cualquiera de nosotros en una tomografía médica. O una prueba de rayos X.
─Las radiografías que se realizan en Estados Unidos tienen un límite mucho mayor de radiación de lo que se considera de riesgo en cualquier central nuclear ─dice Páucar.

Es una polémica que una doctora norteamericana intensificó no hace mucho con un estudio: por una cierta cantidad de tomografías realizadas, demostró que existía un porcentaje exacto de pacientes fallecidos por la misma radiación del tratamiento.

Lo demostró matemáticamente.
Surgió el escándalo: ¿Qué propició la muerte de esos pacientes? ¿La enfermedad o el tratamiento?
En otras palabras: solo por someternos a tomografías, ya podríamos estar expuestos a morir lentamente por radiación.
Y si insistimos en su equivalente de probabilidades, también podríamos compararlo con cuántas personas tienen la posibilidad de fallecer hoy mismo en un accidente de tránsito. O con un coágulo de sangre atravesado en el cerebro.

                                          *****

R = P x D.
Riesgo es igual a la probabilidad multiplicada por el daño del accidente.
Esta fórmula puede explicar el terror asociado a los reactores nucleares. La sensación de caos radiactivo. El desorden de emociones negativas.

─Con esta ecuación los científicos consideran siempre el factor riesgo de cualquier propuesta ─dice Rolando Paúcar─. Sin embargo, la población solo se interesa en los daños porque no se preocupa por entender las probabilidades estadísticas. Peor aún, si la percepción de peligro de esta población ─su percepción, que bien puede ser equivocada, desinformada o incompleta─ es demasiado elevada, entonces simplemente se sataniza o bloquea la alternativa científica.

Adivinen quiénes ayudan a generar esta percepción.
Una percepción que se construye de manera ilógica. Porque uno puede estar residiendo al lado de una gran planta química que no tiene control de emisiones contaminantes, y sin embargo vive alerta de que su almuerzo no incluya alimentos transgénicos.

La misma preocupación que tenemos por la contaminación de los autos sin reparar que las paredes de nuestras propias casas emanan plomo por la pintura con la que fueron barnizadas.
La misma inquietud que hace que nos preocupemos de la radiación de un horno microondas cuando todo el tiempo usamos el teléfono celular muy cerca del cuerpo ─cuando hoy la OMS previene acerca de una posibilidad cancerígena asociada─.

─Entonces el temor de recibir radiación de una central nuclear y morir por ello proviene de una información mal entendida ─dice el científico─. Como existe miedo, la percepción de riesgo aumenta.

Solo por el uso indiscriminado del celular, ¿nos impacienta llevarnos una fuente de radiación ─quizá mínima, quizá no─ a la cabeza?

                                           *****

─El Perú es rico en posibilidades energéticas. En recursos hidroeléctricos poseemos un potencial de 60 mil megavatios. Sin embargo, solo generamos seis mil y, por consiguiente, ya estamos desabastecidos de energía ─dice Rolando Páucar.

Más ironías: como el flujo de los ríos está disminuyendo, las hidroeléctricas peruanas se están alimentando de represas. Y una represa ─como la que se planificó para Inambari─ implica que se sumerjan miles de hectáreas de naturaleza viva: entiéndase esto como zonas boscosas, tierra fértil y restos fósiles que, al entrar en contacto con el agua y el sol, fermentan y generan metano.

Una fuente de metano tan contaminante como la producida por la industria del carbón.
─Cada año deberíamos estar produciendo 300 megavatios adicionales debido al crecimiento poblacional. Pero no se producen ─dice el científico─. Es más: se pretende generar energía a partir del gas y el petróleo, pero eso es inviable porque con estos combustibles se quema una energía para producir otra energía.

Otras alternativas: la energía eólica y solar. También inviables por los costos de su tecnología.

El precio actual de un solo megavatio ─producido en las hidroeléctricas del país─ es de 40 dólares y es propensa a elevarse. Un megavatio obtenido con generador eólico costaría 70 dólares. Y a través de luz solar, 200.

Con una central nuclear costaría 40 dólares ─igual que la producida con una hidroeléctrica─. Pero su beneficio agregado es que sería un precio congelado en las próximas cuatro o cinco décadas, que es el tiempo de vida promedio de un reactor nuclear. Y sin necesidad de depender del agua y combustibles fósiles.
Solo de material radiactivo.

                                           *****

Para producir energía de uso civil, todo reactor nuclear se alimenta de material radiactivo: ese es su combustible.

El uranio enriquecido, por ejemplo. El mismo que ahora se le prohíbe producir a Irán. El mismo que ahora está siendo explotado por Francia en el Sahara. El mismo que ahora se procesa en Brasil para alimentar lo que será el primer submarino nuclear de la región.

─¿Qué si el uranio es difícil de encontrar como el petróleo o el gas? Al contrario, es facilísimo hallarlo ─dice Rolando Páucar ─. El uranio está en todas partes del mundo. Si sales al jardín de tu casa y coges un puñado de tierra, ese puñado ya contiene uranio en pequeñas proporciones. Toda la corteza terrestre está compuesta de uranio.

Yacimientos de uranio que podrían ser la envidia de cualquier país europeo: Macusani en Puno y Concepción en Huancayo.

Un mineral que, más allá de ser comercializado en el extranjero, bien podría servir de combustible a un eventual reactor nuclear peruano.
─Tampoco es necesario que dependamos exclusivamente del uranio: con un debido proceso, cualquier mineral puede convertirse en radiactivo ─dice el físico nuclear─. Si irradias el molibdeno obtendrás tecnecio, algo tan utilizado en la medicina, la agricultura y la industria en general.
En la medicina: con la sustancia reactiva que ingieres para que tu médico pueda observar ─por contraste─ lo que ocurre dentro de tu organismo.

Como una radiografía de colon con enema varitado, por ejemplo.

O en la agricultura: cuando esos rozagantes y coloridos vegetales del hipermercado son irradiados para suprimir hongos y bacterias.

─Hay que entender que nada es gratuito en la naturaleza: nosotros mismos estamos inmersos en un mundo radiactivo, recibimos radiación por todas partes y no nos escapamos por más que nos enterremos en algún lugar ─dice Rolando Páucar─. La radiación cósmica proviene del universo entero y se encuentra en todo lo que nos rodea y en todo lo que construimos.
De hecho, los seres humanos también somos emisores de radiación.

Porque respiramos y almorzamos carbono 14: la misma que ayuda a detectar la antigüedad de los restos fósiles. Y porque en nuestra sangre circula potasio 40. Elementos que nos hace proyectar 48 mil fotones hacia el exterior, hacia cualquiera que se atraviese por nuestro camino, salpicándolo. Una radiación que es parte de los cambios corporales en el tiempo. Quizá incluso de la energía vital. O del alma. O del amor.

─La radiación no es ajena a la existencia del ser humano. Y hoy en día utilizamos fuentes radiactivas en provecho del hombre: sin una radiografía no se podría operar ni hacer diagnósticos médicos, por ejemplo. Es un riesgo aceptado por la sociedad en pos de un beneficio neto positivo, pero la gente parece olvidarlo por momentos.

Y el científico agrega:
─En conclusión: tenemos la necesidad de la energía nuclear, pero esa energía ─como cualquier otra─ tiene sus amenazas.


─Después de Bangladesh y Honduras, el Perú es el tercer país en el mundo que sufrirá todos los estragos del cambio climático mundial. Y esto porque tenemos muchas regiones importantes y disímiles entre sí, como desiertos, selvas y nevados ─dice el físico nuclear Rolando Páucar Jáuregui.

domingo, 9 de octubre de 2011

"Faltan normas técnicas”

ROLANDO PÁUCAR JÁUREGUI. FÍSICO NUCLEAR

Por: Andrea Castillo
Domingo 9 de Octubre del 2011
 
Diario El Comercio.- Aunque a veces parece remar en un mar de arena, el director del Instituto de Investigaciones Energéticas para el Desarrollo, Rolando Páucar, es un convencido de que la energía nuclear puede convertirse en una herramienta para el desarrollo del Perú.

 Solo falta difundir mejor sus beneficios, aplicaciones y riesgos, sostiene el experto que ya suma dos libros de divulgación científica. En esta entrevista nos brinda una visión panorámica del uso actual de la energía nuclear como arma contra el cáncer.

Queramos o no, la energía nuclear ya es parte de nuestra vida cotidiana…
Es parte del uso pacífico de esta forma de energía. Pocos saben que en diferentes actividades industriales se recurre a fuentes radiactivas para, por ejemplo, medir la altura de llenado de las botellas de cerveza o determinar en minería cuánto y qué tipo de mineral hay en una faja transportadora. Para el control aduanero se usan para ‘ver’ lo que viene dentro de un contenedor.

Pero el campo de la salud al parecer es uno de los más importantes …
Es el área en la que mejores resultados se han obtenido. Se aplica en radioterapia, medicina nuclear y radiodiagnóstico. En esta última área se han dado avances tecnológicos importantes. Luego de los rayos X, que nos permiten obtener imágenes radiográficas de una fractura, hoy es posible capturar imágenes de mejor calidad y en menos tiempo de las partes duras y blandas del cuerpo humano.

¿Qué novedades hay en medicina nuclear?
Como sabemos, esta se basa en el uso de radioisótopos. Tenemos el yodo 131 para tratar cáncer de tiroides; tecnecio 99 y samario 149, este último de gran valor para combatir el dolor intenso por metástasis al hueso. Pero el Perú pronto dará un gran salto tecnológico cuando se disponga de fluor 18. Si el uso de este radioisótopo se complementa con el empleo de un equipo de tomografía, es posible lograr imágenes de gran calidad de un órgano en funcionamiento. Pero para obtener el fluor 18 necesitamos un acelerador de partículas Ciclotrón. Aunque hay un equipo en la practica privada, sabemos que Essalud ha adquirido uno que pronto estará en funcionamiento.

¿Para qué sirve?
Se usa con muy buenos resultados en la detección temprana de diferentes tipos de cáncer y enfermedades del corazón. Es un nivel avanzado en medicina nuclear.

¿Y las bombas de cobalto?
Estas forman parte de la radioterapia y se emplean en el tratamiento de diferentes tipos de problemas oncológicos, pero han sido superadas por los aceleradores lineales. Estos, a diferencia de las bombas de cobalto, emiten más energía y por eso son altamente eficientes para tratar tumores más profundos. Lo ideal en radioterapia es irradiar el 100% del tumor y 0% de tejido sano, pero esto es algo difícil de alcanzar; sin embargo, el desarrollo de los aceleradores lineales nos acerca a ese objetivo. También lo hace el cambio de los colimadores [ayudan a dar forma al haz de radiación que sale de la máquina], que ahora son multiformes pueden adaptarse a la forma o sombra del tumor. Todos estos cambios tecnológicos mejoran la calidad de los tratamientos pero también exigen mayor preparación del personal de salud.

¿Qué otro avance hay en radioterapia?
En el país se hace radiocirugía hace cinco años. A diferencia del tratamiento con bombas de cobalto o con acelerador lineal, que se realiza en 35 a 45 días, la radiocirugía requiere una sesión. Por su alta precisión y exactitud es más moderna y sofisticada y da buenos resultados en el tratamiento de metástasis en el cerebro y malformaciones arteriovenosas.

Pero, ¿con todas estas mejoras también aumenta la exposición a la radiación?
Mientras más modernos y sofisticados sean los equipos, el nivel de exposición a la radiación es mayor. Para vigilar y asegurar que esas fuentes de radiación no causan daño al personal médico ni a los pacientes, requerimos de normas y reglamentos de seguridad radiológica. Faltan en lo referente a radiodiagnóstico y medicina nuclear y darlas es tarea pendiente del Ministerio de Salud y del Instituto Peruano de Energía Nuclear.

martes, 4 de octubre de 2011

Ciencia Ficción

No hay ni presupuesto para la innovación científica y técnica

El anuncio de destinar el 1% del PBI para el desarrollo de la Ciencia y Tecnología  en el país, así como la creación de un  ministerio ad hoc  que hizo en agosto pasadao el primer ministro Salomón Lerner Ghitis , quedarían  encarpetados por un par de años , según informaron fuentes del Ejecutivo.

Rolando Páucar Jáuregui , presidente del Instituto de Investigación para la Energía y el Desarrollo (Iedes), considera que el proyecto  de Presupuesto  General de la República , al mantener las pobrísimas  partidas  de las 15 instituciones  de investigación  del país  y universidades- inversión calculada en US$ 230 millones -, muestra su poco aprecio por lograr avances  en estos campos.

Si se considera que el 1% del PBI  equivale a U$1.500 millones , dice Páucar , lo coherente hubiera sido un incremento . La nula prioridad que se le da al sector se evidencia además en que el Gobierno aún no designa al presidente de Concytec , órgano rector en la materia.

Fuente :  Correo Semanal

5 errores de los medios que cubrieron el accidente industrial en Francia

Clases de Periodismo .- La noticia de una explosión en el complejo Marcoule, ubicado al sur de Francia, generó pánico entre la población tras conocer que un empleado falleció y otros tres resultaron heridos.

En opinión del físico nuclear y presidente del Instituto de Investigación para la Energía y el Desarrollo (IEDES) en el Perú, Rolando Paucar, este incidente muestra una grave desinformación por parte de los medios. Al igual que en el caso del desastre en la central nuclear de Fukushima, “los medios exageraron y utilizaron términos no adecuados”.

¿Qué errores cometieron los periodistas? El especialista detalló cinco problemas que se encontraron en las principales noticias:

1. Marcoule no es una central nuclear, sino una planta de tratamiento de desechos radioactivos de baja y muy baja actividad. En tanto, una central nuclear es una instalación donde hay reactores nucleares que producen electricidad.

2. Los medios dijeron que el accidente ocurrió dentro de Marcoule. Esta afirmación es incorrecta pues el incidente se produjo en el horno de la empresa CENTRACO.

3. Ocurrió una “fuga radioactiva”. En CENTRACO se funde metales de desechos que previamente han sido descontaminados. Es decir, la explosión no significó la salida de material radiactivo al ambiente.

4. Hubo una “explosión nuclear”. No se puede catalogar este hecho como “accidente nuclear” sino “accidente industrial” pues no hay riesgo de radiación. “Los desechos que se tratan en esa plantas (obtenidos de hospitales y la industria) son de baja actividad, y lo que se busca es la disminucion de su volumen para luego ser trasladado a otro centro donde se almacenan”, explicó el experto.

5. No se puede hablar de “contaminación”. Este término solo debe ser utilizado cuando se superan ciertos límites de concentración, al igual que la fuga radiactiva.